

Recientemente he cambiado de domicilio con lo que ello conlleva de caos organizativo, trabajo añadido, desesperación y, por qué no admitirlo, también agradables sorpresas. Entre la ingente cantidad de libros, revistas, y artículos que tienes que reinstalar, vuelves a toparte con escritos que se realizaron años atrás y que habían quedado olvidados en el fondo de alguna carpeta. En medio de la vorágine del traslado, esos escritos te transportan en el pasado, al momento en que fueron escritos.
En ese contexto recuperé durante unos minutos la reseña escrita para dar a conocer el primer evento gastroentomológico organizado por la Asociación Guipuzcoana de Entomología en el año 2005. Durante unos instantes volví al Ugaldetxo del año 2005, cuando un grupo no demasiado numeroso nos juntamos, la mayoría sin conocernos, para compartir mesa y mantel mientras charlábamos de insectos. Flotaba en el ambiente la idea tácita de que estábamos haciendo algo extraordinario, por lo poco frecuentes que eran este tipo de reuniones en el panorama entomológico peninsular actual, demasiado sesudo, demasiado ortodoxo y de facto, encorsetado en unos clichés decimonónicos las más de las veces.
Pasamos una jornada inolvidable y a la hora de despedirnos, de alguna manera nos conjuramos para repetir en los años siguientes alguna reunión informal semejante, aunque temiendo también que aquella reunión hubiera sido “flor de un día”.


Ahora, volviendo la mirada al pasado, podemos congratularnos de que aquella primera reunión, sin perder su carácter extraordinario, se ha convertido en una cita normal que ha quedado integrada en las agendas de los entomólogos de la Comunidad Autónoma Vasca y áreas limítrofes.
De esta manera, el pasado 27 de marzo nos volvimos a juntar un buen número de amigos en el restaurante Ugaldetxo (Km 8 de la Carretera de Hernani a Goizueta).



El restaurante magnífico como todos los años anteriores, mejor que años anteriores diría yo.
Como ya es costumbre, fuimos llegando poco a poco, y alrededor de las 14:00 horas ya estábamos todos, sin callar y degustando los aperitivos para hacer boca. La comida se nos pasó como siempre. Sin darnos cuenta del tiempo pasado, sin darnos cuenta de lo afortunados que somos al poder compartir esos momentos con nuestros colegas.
Después de la comida Xanti Pagola nos ilustró sobre el concepto de especie invasora y nos mostró la mayoría de los insectos invasores que han llegado a nuestros pagos. Algunos de ellos en posturas abyectas según la opinión de Jorge, que acabó la charla lanzando la hipótesis de que, a tenor de los patrones de distribución de muchas de las especies invasoras que habían llegado a la península Ibérica bien podría ocurrir que el próximo Lehendakari fuera Jordi Pujol. Tiempo al tiempo y si los patrones de dispersión de esas especies no mienten …
Quizás el próximo año cuando nos volvamos a juntar en el Ugaldetxo podamos discutir las hipótesis de Jorge. Mientras tanto, sed buenos y felices.


¡Cómo pasa el tiempo! Parece que fue ayer cuando nos reunimos por primera vez en el Restaurante Ugaldetxo y, sin embargo, ya es el quinto año que se celebra los que hemos dado en llamar Evento Gastroentomológico de la Asociación Gipuzkoana de Entomología.
Después del aperitivo, todos a la mesa. Las horas de la comida (s. str.) son de “efecto local”. Los comensales se relacionan con los colegas que tienen en frente y a sus lados. La capacidad de acción se reduce, pero eso no parece ser ningún impedimento para que siguiéramos hablando. Sin parar. Baste recordar las dificultades habidas para que los comensales pidiéramos un primer plato, un segundo y postre. ¡Qué forma de hablar! ¡Qué derroche de paciencia de Arantza y Joxeba, para completar la petición de los menús!
La celebración de este año ha tenido tres protagonistas claros que no quiero olvidar en estas líneas.
En primer lugar, Pedro Aguilera. Pedro, un habitual de anteriores eventos gastroentomológicos, nos dejó el pasado 15 de febrero, por un desgraciado accidente de moto. No obstante, allí estaba la imagen de Pedro presidiendo la mesa y haciéndonos notar, una vez más, su amable presencia. Vayan para él desde estas líneas y desde el recuerdo de todos nosotros, el reconocimiento de su tarea y, lo que a la postre es más importante, su calidad como persona.
En segundo lugar quiero resaltar la presencia de Eneko Olea, una joven promesa de la entomología vasca, que con sólo 15 años se atrevió a asistir a esta nueva reunión de “viejas glorias”. Para mí, y esa es una opinión personal, esta fue la mejor noticia de las muchas buenas nuevas que nos deparó el evento. Comprobar cómo la entomología vasca cuenta con “sangre nueva” que, sin duda, continuará la labor desarrollada por mis colegas es un motivo de satisfacción que no quiero esconder. Coincidir en el mismo evento gastroentomológico con Fernando Carasa, el mayor de los asistentes, y Eneko, el más joven, sentados en la misma mesa es una indicación inequívoca de la variabilidad y versatilidad de la Asociación que nos reúne anualmente. Espero que Eneko no se asustara y que este tipo de eventos y el conocer a otros entomólogos de su zona, le anime a seguir en este mundillo. Gracias Eneko por tu dedicación entomológica, gracias por asistir a la comida y cómo no, gracias a tu madre Arantza por aguantar estoicamente las “batallitas entomológicas” que a buen seguro escuchasteis.
Obviamente el tercer nombre de la jornada es el de Iñaki Mezquita. No sé cómo calificarlo. Creo que no me equivoco demasiado si lo clasifico de “Señor de las libélulas”. Después de la comida y siguiendo una costumbre que se inició en la comida del año 2007, Iñaki nos deleitó con una colección impagable de imágenes de libélulas que nos aproximaron al conocimiento de este singular grupo de insectos y que nos hizo crecer los dientes de envidia a todos aquellos que, cámara fotográfica en mano, tratamos de captar imágenes de insectos. Era como si las libélulas hubieran posado para él.
Además Iñaki regaló a cada uno de los asistentes un libro suyo sobre mariposas de Vizcaya, editado en la serie “temas vizcaínos” de la BBK. No sólo las libélulas posan para él. Iñaki también convence a las mariposas para que se dejen fotografiar, y además las saca guapas.
Gracias a Pedro, Eneko e Iñaki por mantener vivo el espíritu y el empuje de la entomología amateur. Gracias también a los organizadores y a todos aquellos que aparcaron sus ocupaciones por unas horas para juntarnos un ratito, especialmente a Carles Hernando, Jordi Comas e Ignacio Ribera que son los que tienen el camino más largo para llegar hasta el Ugaldetxo.
En fin, ahora sólo nos queda esperar algunos meses más y, abusando de la confianza de los organizadores, esperar a reunirnos otra vez en el VI Evento Gastroentomológico que a buen seguro nos reunirá de nuevo el año que viene. Mientras tanto, el recuerdo de los anteriores nos ayudará a que esos pocos meses se nos hagan más cortos.
De nuevo reunidos.
Nadie puede afirmar a ciencia cierta, cuándo, una buena costumbre reiterada con regularidad en el tiempo, alcanza la categoría de tradición. No seré yo quien pretenda sentar cátedra, haciendo afirmaciones sobre tal cuestión e intentando deshacer el entuerto. En cualquier caso y obviando las consideraciones antes expuestas, me he permitido, haciéndome plenamente responsable de esta calificación, adjetivar como de tradicional, acertadamente o no, a la reunión gastronómico-entomológica que en su cuarta edición ha celebrado la Asociación Gipuzkoana de Entomología.
Entre las incomparecencias, hay que destacar entre otras no menos sentidas, la de nuestro incomparable prócer e inigualable colega Pablo Bahillo. Su inasistencia al evento, que no dudamos justificada, ha dejado ahítos de dolor tanto a su pareja, como a sus contrincantes en anteriores y reñidas partidas de mus, impidiendo por segundo año consecutivo la celebración del desafío ante el tapete amarracos en ristre. Se pudieron adivinar algunas sonrisas sardónicas y alguna alusión entre dientes, relacionando su falta, con posibles temores ante la posibilidad de la derrota y que no fueron considerados como procedentes por la concurrencia.
Con el final del coloquio, se produjo el habitual goteo de despedidas, no sin antes juramentarnos, para que esta recién constituida como tradición de la Asociación Gipuzkoana de Entomología, lo sea por muchos años, adquiriendo así de pleno derecho la calificación definitiva de “comida tradicional de la Sociedad”.
Esperamos con impaciencia la siguiente convocatoria, deseando para el próximo año el retorno de los ausentes en ésta y que nuevos amigos nos favorezcan con su presencia, ampliando nuestros horizontes entomológicos y de amistad, hasta el infinito y más allá.

A renglón seguido la comida. Como años atrás, sabrosa y económica. Los del restaurante derrocharon paciencia a raudales para poder completar la lista de pedidos. Conseguir que los asistentes interrumpiéramos nuestra charla para ir pidiendo los platos fue un esfuerzo titánico. Si añadimos la magnífica compañía ¿Hay quien de más?
La comida se nos pasó en un abrir y cerrar la boca. En este restaurante parece que el tiempo vuela. Sin darnos cuenta nos presentamos en los postres. Imanol, Xanti y Faustino nos tenían preparada la tercera sorpresa. Los postres fueron acompañados con una proyección de diapositivas realizadas por Antonio Valencia. Auténticas obras de arte con la naturaleza como excusa. Fue un bonito detalle que nos sirvió para examinar a los especialistas de diversas materias que iban identificando sobre la marcha los insectos que iluminaban la pantalla.


Bueno, desgraciada o quizás afortunadamente, porque esa misma tarde el Athletic fue humillado por el Osasuna (0-3). Cuando acabó el partido no pude evitar pensar lo que habría sido de mí si aquella tarde me quedo a jugar al mus y, aunque muy improbable, perdemos. No obstante, Iñaki, si lees esto, estate tranquilo, quizás en la siguiente ocasión podamos batirnos, cartas en mano, sobre la mesa del Ugaldetxo.
Mil gracias a los asistentes y especialmente a los organizadores de tan magno evento, que ya se va convirtiendo en una cita obligada en el calendario entomológico del País Vasco. Ojalá podamos seguir comentándolo muchos años más.
Saludos a todos y un fuerte abrazo.
En el restaurante permanecían de alguna manera las buenas sensaciones de la reunión celebrada un año antes y, como atraídos por ellas, fuimos apareciendo alrededor de las 14:00 horas. Todo fluía de manera natural, Xanti, Imanol y Faustino ejerciendo de anfitriones-organizadores, preocupados por los detalles, porque todo el mundo se sintiera integrado. El resto, bueno el resto fuimos a hacerles los honores y a disfrutar. Aprovechando que la mayoría de los asistentes ya nos conocíamos, prescindimos de los formalismos previos y empezamos a charlar alrededor de una mesa con entremeses y vino abundante. De grupo en grupo y saludándonos todos, fueron pasando los primeros minutos entre preguntas sobre los ausentes, proyectos “in mente”, enhorabuenas por trabajos realizados [muchos agradecimos a Ignacio Rekalde y a Iñigo Ugarte el regalo de su trabajo sobre las Cassidas (RECALDE IRURZUN, J. I. & UGARTE SAN VICENTE, I, 2005. Los Cassidinae de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca: Aproximación faunística y corológica (Coleoptera: Chrysomelidae). Heteropterus Revista de Entomología, 5: 65-96)], etc.
De cualquier forma y gracias a la infinita paciencia de los dueños del Ugaldetxo, al final se logró que cada comensal prestara un poco de atención para pedir un primer plato, un segundo y postre. La comida, en la línea del año anterior: casera, sabrosa, abundante, variada, bien elaborada, mejor servida y, además, barata.
Este año el que escribe estas líneas estuvo sentado en el grupo de los “mariposeros”. Dicho ello si se me permite la expresión y si ningún matiz. He de confesar que los lepidópteros no son lo que más me interesa de la entomología y que soy un perfecto ignorante en la materia; pero, rodeado de veteranos lepidopterólogos que cuentan sus experiencias, uno acaba implicándose en el asunto y sintiéndose atraído por esos insectos de alas escamosas.
Manuel Aguirresarobe y Fernando Carasa nos contemplaban desde su veteranía en estas lides y, con su perseverancia y dedicación mantenida a lo largo de años, nos animaban y nos daban ejemplo de lo que supone la entomología. Resultó muy grato ver con qué interés nos daban cuenta de sus hallazgos, de sus trabajos, de sus intereses para el futuro. Viéndoles y oyéndoles es más fácil entender por qué la entomología sigue manteniéndose a pesar del escaso apoyo institucional. Ánimo amigos. Vuestra trayectoria nos ayuda a superar los momentos de duda y desánimo.
Cómo no mencionar las experiencias entomológicas en Sudamérica y África vividas y, lo que es mejor, hábilmente contadas por Ismael Sarabia y Juan Antonio Soto. Cual holografías animadas se sucedían sobre la mesa secuencias en las que los narradores se topaban en la oscuridad y soledad de jungla con entomólogos especializados en fulgóridos, nubes de esfíngidos que cubrían por completo la tela de la trampa de luz, o los poderosos Titanus giganteus, que caían torpemente al suelo metros antes de alcanzar la trampa de luz y siendo necesario localizarlos linterna en mano y guiados por el ruido que hacían al plegar las alas membranosas bajo sus élitros.
Ya después de la sobremesa pude departir un rato que se me hizo cortísimo, con Carles Hernando, Pedro Aguilera e Ignacio Ribera y volver así a mi espacio natural: los coléopteros. Proyectos, promesas y enhorabuenas para Carles, quien, entre el material recogido el año anterior durante la expedición para asistir a la primera comida tuvo la fortuna de encontrar una nueva especie: Mayetia amicorum Hernando, 2005 [HERNANDO, C., 2005. Mayetia (s. str.) amicorum sp. nov. del País Vasco (norte de la Península Ibérica) (Coleoptera: Staphylinidae: Pselaphinae). Heteropterus Revista de Entomología, 5: 27-31.]. Ojalá este año os resulte tan fructífera la visita a tierras guipuzcoanas. Alrededor de las 18:30, vuelta a casa. No puedo evitar manifestar la satisfacción que vivimos mi amigo Iñaki Alonso y el que esto escribe, durante el camino de vuelta, reviviendo durante el viaje de vuelta los momentos pasados en la comida y la esperanza y el deseo de que años venideros tengamos la ocasión de compartir nuevos momentos similares.
Quizás por deformación, o porque sencillamente es lo justo, las últimas líneas de este escrito serán de agradecimiento: en primer lugar a Xanti, Imanol y Faustino y, en su nombre, a todos los que propiciaron este segundo evento gastroentomológico y colaboraron desinteresadamente para que llegara a buen puerto; y en segundo lugar a todos los que nos reunimos en el Ugaldetxo, por el esfuerzo realizado y por el buen ambiente generado. Mención especial para Ignacio Ribera y Ali Cieslak, quienes vinieron acompañados de su hijo Bernat. Viéndoles, recordé los tiempos en que mis hijas eran aún pequeñas y lo dificultoso que era moverse con ellas.
Gracias. Gracias a todos y hasta la próxima ocasión, que esperemos llegue pronto. Un saludo.
Ya hacía algún tiempo que rondaba en la cabeza de Santiago Pagola Carte e Imanol Zabalegui Lizaso la idea de organizar un encuentro informal entre entomólogos con el fin de conocernos, de intercambiar una charla, de, en resumen, "poner una cara" a todos esos nombres que sólo conocemos de las páginas de las revistas entomológicas y, claro está, de estrechar lazos entre los asistentes a dicho encuentro.
Por fin dieron el paso y convocaron a los miembros de la Asociación Gipuzkoana de Entomología a una comida de confraternización entomológica el día 12 de marzo, sábado, en el restaurante Ugaldetxo, en el Km 8,5 de la carretera de Hernani a Goizueta, en un paraje precioso a orillas del tramo medio del río Urumea.
Y allí fuimos apareciendo alrededor de las 14 h., que era la hora de reunión. La lista de asistentes ascendió a 22. Tras los saludos iniciales entre viejos conocidos y las presentaciones de los desconocidos, pasamos al interior del restaurante y delante de un pequeño aperitivo se abrió el fuego y empezaron a desfilar ante nosotros lepidópteros, coleópteros, insectos varios, jornadas inolvidables de caza entomológica, proyectos, comentarios de artículos, en fin lo habitual cuando nos reunimos los que nos dedicamos a este maravilloso menester de la entomología.
La comida casera, sabrosa, abundante, bien elaborada, mejor servida y, además, barata; reunidos con colegas, charlando de lo que nos gusta, en un paraje muy bello ¿Qué más se puede pedir?
Y así, sin darme cuenta y sin callar se me pasaron unas cortísimas 3 horas, entre los chistes de Iñaki Recalde, las ocurrencias de Jorge y las risas de Leticia.
Después de la comida Carles Hernando et al. no pudieron resistir la tentación de muestrear el cauce del rio Urumea próximo al restaurante, que entonces bajaba con aguas rápidas y limpias como siempre, pero más frías y abundantes por efecto del deshielo de la abundante nieve caída en la zona los días anteriores.
